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REGLAS DEL JUEGO PARA HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES

A día de hoy, 25 de Noviembre, Día Internacional para la eliminación de la violencia de género, al menos 45 han muerto en 2014 a manos de sus parejas o exparejas, aunque pueden ser 50, a falta de confirmar algunos casos. De estas 45, 14 habían denunciado. Desde 2003, la cifra total asciende a 755. La violencia de género no solo se traduce en asesinatos, ya que según los datos la Guardia Civil presta protección a 26.000 víctimas en España. Si miramos la situación internacional, en Europa, una de cada tres mujeres mayores de 15 años ha sufrido alguna vez violencia física o sexual, según un reciente informe de la Comisión Europea, y, en algunos países del mundo, según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de las mujeres del mundo que fallecen en circunstancias violentas lo hacen a consecuencia de agresiones a mano de sus parejas.

Estos datos son escalofriantes y solo hablan de una donde, en mayor o menor, medida, una parte de su población se discrimina, se desprecia, se maltrata o se la mata solo por ser mujer. Una sociedad donde sucede esto, en la medida que sea, no es igualitaria y una sociedad donde no hay igualdad, no es democrática.

Hoy, Día Mundial contra la violencia de género, se celebran actos de protesta, de concienciación y denuncia y nuestros políticos y políticas aprovechan para hacerse fotos y darse palmaditas por sus logros. En varias intervenciones en medios, la secretaria de Estado, Susana Camarero, declaraba que, aunque el objetivo del Gobierno es dedicar más esfuerzos a proteger a las mujeres, -no se habla nada de los recortes (nacionales y regionales) de su partido en esta partida: “Cospedal ha recortado un 39% el presupuesto para luchar contra la violencia de género”)-, los progresos alcanzados en los últimos años «no son suficientes». A pesar de esta afirmación y de los datos hablen por sí solos, afirmaba que en los últimos diez años sí ha habido progresos en este ámbito. En los Desayunos de TVE aseguraba que “la situación actual es positiva porque el 98% de la población rechaza la violencia doméstica”. Desconozco la fuente que avale este porcentaje, que se contradice en mucho con los datos oficiales e incluso con sus propias declaraciones.* (*La noticia de la propia RTVE recoge mal el porcentaje declarado por Camarero, ya que lo transcribe como un 85%)

Pero ante aseveraciones de este tipo de quienes han asumido la responsabilidad de luchar contra esta lacra, cabe suponer entonces que es sólo ese 2% quien comete los asesinatos, las 26.000 agresiones denunciadas y las otras tantas que no llegan ni a la policía ni a los juzgados. Debe ser solo ese 2% el responsable de la publicidad sexista, y de producir, difundir y consumir realities en los que se denigra a las mujeres.  ese 2% el que visita prostíbulos, y el que tiene tanta fuerza en los gobiernos que impide que se cierren o que se luche contra la trata de blancas. Y debe ser también ese 2% el responsable de los recortes para luchar contra la violencia desde la base de la educación. Será sólo ese 2% el que educa en la diferencia de roles que están en la base de la discriminación y la violencia de género; y el que garantiza, perpetúa, culpa a la víctima y justifica la desigualdad e inclusolo la violencia desde los medios de comunicación, la escuela, la televisión, el cine, los videojuegos u otras manifestaciones de la cultura. Ese 2% se contradice también con las encuestas sobre la valoración de las relaciones de pareja y sobre la violencia de género que tienen los jóvenes.

El problema en la lucha contra la violencia de género es que sigue sin considerarse un problema estructural, consecuencia de la sociedad patriarcal en la que aún vivimos, que ha creado unos valores muy concretos, y erróneos, de lo masculino y lo femenino, que provocan otras discriminaciones: en la familia, en el trabajo, etc. No se reconoce como un problema social porque eso sería admitir que todos somos cómplices y garantes del mismo, muchas veces sin ser conscientes de ello porque nos han educado en esta visión androcentrista. Por eso es más fácil verlo un problema que parece de otros y de otras y con el que la mayoría parecemos no tener nada que ver. Que el problema de la discriminación y la violencia contra la mujer levante tantas ampollas significa que la sociedad, en general, desde los ciudadanos de a pie hasta representantes de la cultura, educadores, gobernantes, etc., no sabe como afrontarlo. O no le interesa. No hay mejor forma de perpetuar un problema que negarlo y que en los últimos años se nos haya vendido el espejismo, en especial a las mujeres, de que, al menos en occidente, la igualdad ha sido lograda es lo que hace que las generaciones más jóvenes nieguen el problema. A nadie le gusta reconocerse víctima de una estructura que la perjudica.

Por eso hoy, frente a los reclamos culturales que vende un amor basado en el “sin ti yo no soy nada”, me quedo con  este poema de Giconda Belli, poeta y novelista nicaragüense: “REGLAS DEL JUEGO PARA HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES”. (Y viceversa).

I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los arboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo

V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI
El hombre que me ame
hará poesia con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

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Esta entrada fue publicada el noviembre 25, 2014 por en Mujeres, Un día, un poema.
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